Descubre La Figuera, el centinela del Priorat
Despegada a 575 metros de altitud y rodeada por los contrafuertes occidentales del Montsant, la Figuera es uno de esos pueblos que sorprenden antes incluso de llegar. Su situación privilegiada, sobre un territorio accidentado y abierto a grandes horizontes, le ha valido el apodo de "centinela del Priorat". Y no es una exageración, desde sus miradores naturales, el paisaje se extiende a todas direcciones y convierte la visita en una experiencia marcada por las vistas, el silencio y la sensación de estar en un balcón excepcional sobre la comarca.
Con un término municipal de 18,78 km², la Figuera es pequeña en dimensiones, pero grande en paisaje y memoria.
Historia y leyendas de la Figuera
Su nombre, según la tradición, proviene de una leyenda muy singular. Se dice que en el lugar donde hoy se levanta el pueblo había una higuera inmensa, tal que los romanos cobijaban los rebaños. Más adelante, en ese mismo lugar, se habría construido un castillo que conservó el árbol en el patio. Del castillo no ha quedado el edificio, pero en la calle de la Muralla todavía se pueden observar restos de muros fortificados que evocan ese pasado. De aquella fortaleza desaparecida y de la gran higuera, el pueblo habría conservado su nombre.
La historia documentada de la Figuera también nos lleva muy atrás en el tiempo. La primera referencia conocida aparece en una donación de Albert de Castellvell a la iglesia de Tortosa, donde el lugar se menciona como montaña de Gibolhoder. La población no se consolidó hasta unos años después de su integración en las tierras de Tortosa, y su carta de población está fechada el 5 de diciembre de 1182, tres años antes que la de Cabacés. Se trata, por tanto, de una de las cartas de poblamiento más antiguas de la Catalunya Nova.

Foto: Prades Bel, Juan Emilio (2025). Municipio de La Figuera, Comarca El Priorat, Tarragona. Wikimedia Commons. CC BY 4.0. Ver la fotografía en Wikimedia Commons
Con el tiempo, la Figuera pasó a formar parte de la Baronía de Cabacés. Un testimonio especialmente interesante de aquella etapa es el Libro de las Ordenaciones de la Villa della Figuera, iniciado en 1310 y completado en 1734, que recogía usos y costumbres destinados a regular la convivencia del pueblo. Es una muestra de la larga continuidad de una comunidad que ha sabido conservar su carácter a lo largo de los siglos.
Qué ver en la Figuera
Hoy, pasear por la Figuera es adentrarse en un pueblo de calles estrechas y empinadas que mantiene la esencia de los núcleos tradicionales del Priorat. La iglesia parroquial, dedicada a Sant Martí, forma parte del patrimonio local, pero el gran atractivo de la población es sobre todo su entorno. Aquí, más que buscar grandes monumentos, es necesario dejarse llevar por los caminos, los relieves y los puntos desde donde el paisaje se muestra con toda su fuerza.
Uno de los lugares imprescindibles es la ermita de Sant Pau, situada al noroeste del pueblo, a unos dos kilómetros y medio. Desde ese punto se disfruta de una panorámica extraordinaria sobre el territorio. En la ermita se venera a la Virgen de la Mola, que despierta una gran devoción también entre los pueblos vecinos.
A unos 500 metros, en dirección oeste y hacia la punta de la montaña, se puede visitar lo que fue puesto de mando del ejército republicano durante la batalla del Ebro. Su posición permite entender enseguida el valor estratégico del lugar: desde aquí se pueden llegar a avistar hasta 40 kilómetros del río Ebro.
La Figuera cuenta con otros miradores y rincones que invitan a andar sin prisas. El Coll de Solans es conocido como el "Balcón del Priorat", un nombre que resume perfectamente su esencia. También destacan la sierra del Guixar o Escambellet, la Roca Foradada y varias cuevas naturales excavadas en la roca, como las cuevas de Vasques, de los Tres Ajos y del Mas d'en Nenet, algunas de grandes dimensiones.
Senderismo entre la Vilella Baixa y la Figuera
Para los amantes del senderismo, una de las rutas más interesantes es el camino antiguo de la Vilella Baixa en la Figuera. El recorrido tiene unos 4 kilómetros, aproximadamente una hora de duración y unos 360 metros de desnivel. Buena parte del trazado sigue el antiguo camino real que unía tradicionalmente ambos pueblos y coincide con un itinerario señalizado por el Parque Natural del Montsant con marcas de pintura amarilla.
La ruta comienza en el puente Gran de la Vilella Baixa, junto al río Montsant, y va ganando altura hasta encontrar el antiguo camino de herradura que supera el grado de la Figuera. Entre muros de piedra seca, tramos de bosque y antiguas lazadas, el sendero conserva todavía fragmentos empedrados que permiten imaginar la importancia que tuvo esta vía de comunicación. Es un itinerario especialmente evocador, ideal para llegar al pueblo a pie y descubrir el paisaje de una forma pausada y auténtica.
Fiestas y tradiciones
La vida local también está marcada por un calendario de fiestas arraigadas en la tradición. El 15 de enero, por San Pablo, se celebra una misa en la ermita; el 15 de mayo es fiesta por San Isidro Labrador, y el 11 de noviembre, por San Martín. Además, el segundo fin de semana de agosto tiene lugar un Aplec de Sardanes y una gran fiesta de convivencia en la ermita de Sant Pau.
Visitar la Figuera es descubrir un Priorat elevado, tranquilo y panorámico, donde la historia se mezcla con caminos antiguos, leyendas, piedra seca y horizontes inmensos. Un pueblo para andar, mirar lejos y entender por qué este pequeño núcleo se ha ganado, con toda justicia, el nombre de centinela del Priorat.
Foto portada: Prades Bel, Juan Emilio (2025). Municipio de La Figuera, Comarca Priorat (Tarragona). Wikimedia Commons. CC BY 4.0. Ver la fotografía en Wikimedia Commons
Publicado por Youssef Haouriqui el 14 de septiembre de 2026