Las fallas de Andorra
La cremada de falles de Andorra es una tradición popular muy arraigada que se celebra la noche de San Juan, en las parroquias de Andorra la Vella, Sant Julià de Lòria, Escaldes-Engordany, Encamp, Canillo y La Massana, y que combina fuego, ritual y cultura. Los fallaires hacen girar unas fallas que, al encenderse, crean espectaculares bolas de fuego mientras recorren las calles del centro histórico en un pasacalle lleno de luz, música y ambiente festivo.
La celebración comienza en la placeta del Puial con el bautizo de fuego, uno de los momentos más simbólicos, en el que los jóvenes de 16 años pasan a formar parte de los fallaires adultos. Este ritual se realiza con la falla tradicional y representa el relevo generacional dentro de la fiesta. A continuación, se inicia el recorrido por diferentes plazas emblemáticas donde antiguamente ya se celebraba esta tradición, manteniendo así el vínculo con la historia y el territorio.
Durante todo el recorrido, los fallaires hacen girar el fuego al ritmo de la música, creando un espectáculo visual único. La fiesta culmina con el encendido de una gran hoguera en la plaza Guillemó y la interpretación de danzas tradicionales como el Baile de las Brujas, que aportan un componente cultural y simbólico muy destacado.
Las fallas están hechas con una estructura de malla metálica, similar a la de gallinero, que forma una jaula resistente. En su interior se coloca papel o material combustible que, al encenderse, genera el fuego y permite crear las características bolas de fuego que los fallaires hacen girar durante el recorrido.
Reconocida como patrimonio cultural inmaterial de Andorra, la cremada de falles es una de las celebraciones más representativas del país, capaz de transmitir emoción, identidad y tradición de generación en generación.