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La leyenda de la Vieja Cuaresma

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Hay personajes del calendario que no viven en libros antiguos ni en montes misteriosos, sino en escuelas, plazas y comedores de casa. La Vieja Cuaresma es uno de ellos. Delagada, arrugada, con pañuelo en la cabeza y siete piernas bien visibles, aparece cada año cuando el Carnaval acaba y el ruido deja paso al silencio.

Es la representación popular de la Cuaresma, el período de siete semanas que separa el Miércoles de Ceniza de la Pascua. Pero más allá del calendario litúrgico, la tradición catalana le ha convertido en un personaje con carácter propio.

La rivalidad con el Rey Carnestoltes

En muchos relatos populares, la Vieja Cuaresma comparte protagonismo con el Rey Carnestoltes, símbolo del Carnaval y del exceso. Él es gordo, risueño y alocado; ella, severa, delgada y cascarrabias. Representan dos formas opuestas de entender el tiempo: el desenfreno contra la contención.

La leyenda cuenta que el Rey Carnestoltes organiza fiestas desmesuradas, con vino, disfraces y comidas abundantes. Durante días, el pueblo ríe y baila sin medida. Pero el exceso tiene consecuencias: el rey acaba tan hinchado que, finalmente, muere; en muchas versiones, es quemado simbólicamente el Miércoles de Ceniza, en rituales como el entierro de la sardina.

Con su desaparición llega ella.

Siete piernas, siete semanas

La Vieja Cuaresma se presenta con un bacalao o un arenque en la mano, recuerdo de los tiempos en que la carne estaba prohibida durante este período, y con un cesto a menudo austero. Pero lo que más llama la atención son las siete piernas.

Cada pierna representa una semana de Cuaresma. Según la tradición, cada miércoles o cada domingo se le corta una pierna, marcando el paso del tiempo hacia primavera y Pascua.

En muchas escuelas catalanas todavía hoy se cuelga una imagen de la Vieja Cuaresma y los niños le recortan una pierna cada semana, en espera de que llegue el fin del período de abstinencia y contención.

Una historia simbólica

Algunas versiones más narrativas explican que, después de la muerte del Rey Carnestoltes, el pueblo se queda sin provisiones. La Vieja Cuaresma promete darles comida sencilla, arenques y migas de pan, si abandonan la música y las risas durante tantas semanas como piernas tiene ella.

Los aldeanos, pensando que tiene dos como todos, aceptan. Pero descubren que son siete.

Cuando finalmente solo le queda una pierna, aparece una figura luminosa: la Primavera. Vestida de colores vivos, hace florecer los campos a su paso. La Vieja Cuaresma, deslumbrada, se funde como el hielo bajo el sol.

Así, el ciclo se completa: el exceso da paso al recogimiento, y el recogimiento, al renacimiento.

Más que una figura religiosa

A pesar de tener raíces cristianas, la Cuaresma es el período de preparación antes de Pascua; la Vieja Cuaresma es también una figura cultural y pedagógica. Representa el paso del tiempo, el cambio de estación y el equilibrio entre la fiesta y la disciplina.

En el calendario tradicional catalán, el ciclo está claro:

  • El Carnaval culmina con la quema del Rey Carnestoltes.
  • El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma.
  • Siete semanas después, llega la Pascua y, simbólicamente, la Primavera.

Una tradición que perdura

Hoy, la Vieja Cuaresma sigue viva en escuelas y celebraciones populares. Ya no es símbolo de prohibiciones estrictas, sino una forma lúdica de explicar a los niños el calendario y las estaciones.

Delgada y con siete piernas, recuerda que después de cada exceso llega la pausa y que después de cada invierno siempre vuelve la luz.

Y así, año tras año, cuando el Carnaval se apaga, la Vieja Cuaresma vuelve a andar, con una pierna menos cada semana, hasta que la primavera la hace desaparecer.

Publicado por Youssef Haouriqui el 9 de febrero de 2027 a las 09:00h

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