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La leyenda de la serpiente de la Vall d'Aro con @unitatdellegenda

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@unitatdellegenda nos invita a descubrir la leyenda de la serpiente de la Vall d'Aro.

Entre las montañas de las Gavarres y las aguas del Mediterráneo se extiende la Vall d'Aro, una tierra de bosques espesos, caminos antiguos y masías solitarias. Cuentan que, hace muchos años, cuando las noches eran más oscuras y las historias pasaban de boca en boca junto al fuego, una criatura extraordinaria habitaba en torno al vecindario de Fenals.

Era una gigantesca serpiente, mayor que cualquier animal conocido. Tenía una fuerza descomunal y se movía con tanta rapidez que ni el caballo más veloz podía sentirse seguro frente a él. Algunas personas aseguraban que de su cabeza nacía una larga melena, entre la que ocultaba su tesoro más preciado: una piedra preciosa que brillaba en medio de la oscuridad.

 
 
 
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La piedra luminosa

Aquella joya no era una piedra cualquiera. Su luz era tan intensa que, durante las noches sin luna, iluminaba los caminos de la montaña como si fuera una pequeña estrella.

Se decía que la piedra daba fuerza y longevidad a la serpiente y que su vida estaba ligada a ella. También corría el rumor de que cualquier persona que consiguiera poseerla obtendría una fortuna inmensa y nunca volvería a conocer la pobreza.

La serpiente era consciente del valor de su tesoro y casi nunca se separaba de él. Solo lo hacía cuando bajaba desde Fenals hasta el mar para bañarse. Antes de entrar en el agua, escondía la piedra entre la arena, porque temía que las olas se la llevaran mar adentro.

Durante mucho tiempo, nadie conoció aquel secreto. Hasta que un joven heredero de la Vall d'Aro comenzó a observar los movimientos de la criatura.

El plan del heredero

El heredero vivía en una masía cercana y hacía tiempo que oía hablar de la serpiente y de su piedra mágica. Movido por la ambición —o, según otras versiones, por el deseo de ofrecer una joya incomparable a su amada—, decidió apoderarse de ella.

Sabía que enfrentarse directamente a la bestia significaba una muerte segura. Por eso preparó una yegua fuerte y veloz, capaz de correr por los estrechos caminos del valle sin perder el paso.

Durante días siguió a la serpiente desde la distancia. Descubrió el camino que recorría, el lugar exacto donde escondía la piedra y el tiempo que pasaba dentro del agua.

Finalmente, una madrugada, decidió actuar.

El robo del tesoro

Cuando la serpiente llegó a la playa, dejó la piedra entre la arena y se adentró en el mar. El heredero, escondido detrás de unos matorrales, esperó hasta que la criatura estuviera lo bastante lejos.

Entonces corrió hasta la playa, cogió la joya y montó sobre la yegua.

En cuanto tuvo la piedra entre las manos, una luz blanca y poderosa iluminó su rostro. Durante un instante quedó fascinado, pero un terrible bramido procedente del mar le hizo reaccionar.

La serpiente había descubierto el robo.

El heredero clavó los talones en los costados de la yegua y huyó al galope. Tras él, la criatura salió del agua enfurecida y comenzó la persecución.

La persecución por la Vall d'Aro

La yegua corría tan deprisa como podía por los caminos del valle. Atravesaba campos, rieras y bosques mientras la piedra brillaba dentro del zurrón del heredero.

La serpiente los seguía a una velocidad extraordinaria. Su gigantesco cuerpo levantaba nubes de polvo y su cola golpeaba los árboles con tanta fuerza que rompía sus ramas.

En cada curva parecía que la criatura estaba a punto de atraparlos. El heredero sentía su aliento y los golpes de su cuerpo contra la tierra, pero la yegua no disminuyó el ritmo.

Después de una carrera desesperada, el joven consiguió llegar al castillo de Aro. Las puertas se cerraron tras él y el heredero creyó que las murallas lo protegerían.

Se equivocaba.

La venganza de la serpiente

La serpiente llegó al castillo y exigió, con bramidos que hacían temblar todo el valle, que le devolvieran la piedra. Pero el heredero, cegado por el resplandor de la joya y por las riquezas que prometía, se negó a entregarla.

Furiosa, la criatura enroscó su cuerpo alrededor de las murallas y comenzó a golpearlas con la cola. Cada golpe hacía temblar las torres. Las piedras se desprendían, las paredes se agrietaban y los habitantes del castillo corrían buscando refugio.

La serpiente continuó atacando hasta que una parte de la fortaleza cedió con un ruido ensordecedor.

Algunos cuentan que el castillo quedó completamente destruido y que las ruinas sepultaron al heredero junto con la piedra. Otros aseguran que el joven escapó por un pasadizo secreto y que conservó la joya, gracias a la cual llegó a reunir una fortuna inmensa. 

La desaparición de la criatura

Nadie sabe con certeza cómo terminó aquella historia.

Hay quienes dicen que, al perder la piedra que le daba fuerza y vida, la serpiente regresó lentamente hasta la playa y se lanzó al Mediterráneo. Las aguas se la tragaron y nunca más volvió a ser vista.

Otros cuentan que desapareció entre los bosques de Les Gavarres, donde todavía hoy continúa escondida. Afirman que espera pacientemente el momento de recuperar su tesoro y castigar a los descendientes de quien se lo robó.

También existe una versión según la cual el heredero regaló la piedra a su amada. Ambos vivieron rodeados de riquezas, pero nunca volvieron a dormir tranquilos. Cada noche, cuando el viento soplaba entre los árboles, creían oír el cuerpo de la serpiente arrastrándose por los caminos del valle.

Una leyenda que todavía perdura

La historia de la serpiente ha ido cambiando con el paso de las generaciones. En unas versiones, la piedra trae fortuna; en otras, provoca la destrucción y la muerte. Pero todas comparten la misma advertencia: la riqueza conseguida mediante el engaño siempre tiene un precio.

La serpiente de Fenals continúa formando parte del imaginario de Castell d'Aro y Platja d'Aro. Quizá desapareció para siempre dentro del mar. Quizá descansa bajo las ruinas de un castillo. O quizá todavía vive escondida en algún rincón de Les Gavarres.

Y dicen que, durante las noches más oscuras, se puede ver una luz misteriosa moviéndose entre los árboles. Algunos piensan que es la piedra preciosa. Otros aseguran que son los ojos de la serpiente, que todavía busca el tesoro que un día le arrebataron.

Publicado por Youssef Haouriqui el 23 de septiembre de 2026

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